Es el changüí el género musical que más se aproxima al son oriundo del oriente cubano y puede catalogarse como célula genuina de éste, marcó y sentó las bases de la que es hoy la música folklórica tradicional Guantanamera y constituyó por mucho tiempo único motivo de animación de las fiestas campesinas en las montañas de Guantánamo. Al emigrar del campo a la ciudad se convirtió en un símbolo que identificó algunos barrios y familias.
La notable influencia del Changüí como acontecimiento innegable en el sostén de nuestra identidad cultural, lo ha hecho transitar y trascender los límites de un mero hecho musical.
La clave del changüí, fiesta que iba de casa en casa y que duraba hasta cinco días tras la unión voluntaria de los músicos, se enmarca en dos instrumentos esenciales, el tres y el bongó. El tres, instrumento típico para interpretar la música campesina y el son cubano, ha sido y es base fundamental del Changüí por las posibilidades que brinda a la interpretación y a la improvisación. Como todo acontecimiento musical, el Changüí desde sus inicios se convirtió en un medio de comunicación social partiendo del énfasis que ponen sus autores en los sentimientos e ideas que trasmiten. Los primeros cultores del Changüí fueron y aún siguen siendo personas muy humildes y de un nivel cultural bastante bajo.
Nombres fundamentales aparecen en la historia del Changüí, “Chito” Latamblé, Antonio Cisneros “Ñico ya”, Eduardo Goulet más conocido como “Pipi el rey del Changüí en Yateras” y director del Grupo Estrellas Campesinas, agrupación portadora del género, Asunción Gainza, tresera comparada con cualquiera de las mejores de su tiempo, María Guevara, quien deslumbraba con el bongó, Roberto Bauta, autor del antológico tema “El Guararey de Pastora”, la singular bailadora Evelia Noblet, el carismático Saturnino Olivares “Nino”, hasta llegar a los más jóvenes y continuadores de una tradición como el guajiro Celso Fernández, la voz obligada e inconfundible de “Mikiki” y la nobleza y talento de Ariel Daudinot “El Zorro”.
