Debido al crecimiento de la población, en 1824 los habitantes de El Saltadero solicitaron la construcción de un templo y la permanencia de un sacerdote, pues los oficios religiosos se recibían esporádicamente de la Parroquia de San Anselmo de los Tiguabos, pero no es hasta 1832 que se eleva la solicitud al Gobernador de la isla.

A estos efectos los señores Pedro Manuel Pérez, Belisario  Rey y Lorenzo Jay donan en 1835 un terreno de cien varas para la iglesia y su plaza, el mismo que ocupa hoy el parque “José Martí”.

La construcción comenzó en abril de 1837 cuando se plantó el primer horcón, pero se paraliza la obra por dos años debido al reclamo de un comerciante que exigía se erigiera la misma en la zona del entonces centro urbano, los alrededores del parque “24 de febrero”.

En septiembre de 1839 de acuerdo al proyecto inicial, se reanuda la construcción, terminándose el 15 de julio de 1842 y bendiciéndose el 27 de julio, en conmemoración a la muerte del primer párroco y maestro, José Andrés Rodríguez Luna, principal animador de la edificación del templo.

Para 1836, por el mal estado en que se encontraba, es demolido totalmente, restaurándose al año siguiente y en 1900, 1912 se efectúan reparaciones y en 1953 se le añade un cuerpo más a la torre.

En 1959 se inicia una  reconstrucción total que termina en 1960. Solo se conservaron del antiguo las paredes externas y la torre. El campanario ya había sido modificado, la cúpula de tejas de pizarra se sustituyó por la actual abovedada, se eliminaron las puertas laterales y continúa la sucesión de ventanas ahora con vidrios de colores, protegidas por barrotes torneados de madera. Se realiza en la última remodelación el artesonado de madera del falso techo, similar al de las construcciones religiosas del siglo XVI cubano.

Su estilo es sencillo, formado por tres naves que se distinguen desde el exterior. Tres puertas de acceso conforman su fachada, siendo la del centro de mayor tamaño y desde donde parte la torre del campanario.

A pesar de todas las modificaciones arquitectónicas sufridas desde 1863, la iglesia Santa Catalina de Ricci, actualmente Catedral de Guantánamo, no ha cambiado de lugar, ni ha crecido o disminuído su espacio físico

 

 

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