Es considerada entre las más antiguas de la ciudad, constituye uno de los inmuebles característicos de la primera mitad del siglo XIX. En la simplicidad, tosquedad y características de la construcción se denotan los aires vernáculos de nuestra primera arquitectura, matizada por ciertos elementos de las casas coloniales del oriente cubano.
La edificación es de corredor, se alza sobre la acera alrededor de 90 centímetros, con horcones desbastados con hacha, que forman al conjunto arquitrabe una rígida sujeción, sobre la que descansa el tejado que vierte hacia la calle, la fachada es baja y guarda tres grandes vanos, uno al centro y con mayores proporciones para la puerta de madera, del tipo español, con postigos y los laterales para ventanas de cuarterón protegidas con herrería cuadrada y recta. La terminación de esta pared de fachada se hicieron de cal y arena.
La planta es rectangular, con patio y colgadizo al fondo. Los interiores son en extremo sencillos y austeros. El salón principal es la mayor pieza, libre de decoración, con un arco de mediopunto entre éste y el comedor, como único elemento divisorio.
A ambos lados se distribuyen las tres habitaciones. Durante todo el siglo XIX la cocina y el baño se ubicaron en el patio, situación que se transformó en el siglo XX, en que se le anexa a la vivienda estas dependencias. Todos los pisos interiores eran de madera, los que fueron sustituidos lentamente por otros de mosaicos.
El techo, bastante rústico, es del tipo de armadura de palos rollizos a tres aguas, con colgadizo hacia el fondo. Todo el techo se sostiene por horconaduras de cagüeirán embebidas en los gruesos muros de mampuesto que alcanzan los 60 centímetros de espesor, mientras que los cierres interiores son de ladrillos.
Se observan algunos muebles de época como lámparas de kerosene adosadas a pared, pequeñas mesas y comadritas. En el año 2000 recibió una importante reparación en el techo y pisos a cargo de la Empresa de Conservación de la vivienda y dirigida por el Equipo Técnico de Restauración de Monumentos. De igual forma se colocó una placa conmemorativa que laude a su antigüedad.
Está ubicada muy cercana a la primera plaza que tuvo la ciudad, en el sitio más antiguo de la entonces villa de El Saltadero.

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