Las tumbas francesas son el resultado de la obligada emigración de los colonos franceses y sus dotaciones de esclavos ante la pujante Revolución Haitiana encabezada por Toussan Louverture a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Localizadas fundamentalmente en Santiago de Cuba y Guantánamo, son el máximo exponente de la transculturación del folklore de la vecina isla antillana.
Se constituyeron como sociedades de recreo y ayuda mutua por negros y mestizos francohatianos autodenominados “franceses” a los que se sumaron negros esclavos y libertos cubanos. Este no es solo un fenómeno musical, sino también social. En toda la zona de Guantánamo se crearon más de doce de estas sociedades de las cuales perdura la Santa Catalina de Riccis o Pompadour.

La Tumba Francesa Santa Catalina de Riccis, es una de las que mayor pureza ha guardado hasta el presente y constituye un punto de contacto obligado para los que necesiten por razones de estudio o por puro gusto, observar esta casi extinguida manifestación folklórica.

La Tumba Francesa es una danza de salón en la cuál los bailadores intentan imitar el minuet, el rigodón y otros bailes de la corte francesa con instrumentos de origen africano. El baile consiste en tres partes diferenciadas notablemente una de otra: el masón, el yubá o babul y el frenté. Los instrumentos musicales que se utilizan son cinco: el catá, el premier o redublé, que es el tambor más grande, el bulá y el second que son las llamadas “tumbas”, la tamborita y el chachás.
Las bailadoras llevan amplias y largas batas, pañuelos de colores anudados en la cabeza, collares, porta abanicos y otros accesorios sonando los chachás en sus manos. Los hombres usan pantalones y camisas blancas.

El composé es un personaje central en la fiesta; es el cantante solista, crea e improvisa los textos y dirige el canto del coro formado por las tumberas. El baile es dirigido por el mayor o mayora de plaza, quienes tienen la función de disponer todo lo relativo al orden o sucesión de los momentos o pasos de la fiesta. Escogen que pareja debe bailar tomando a la bailadora de la mano derecha y entregándola al bailador, después de dar varias vueltas y hacer reverencias de cortesía.
La música y las danzas de las tumbas francesas han llegado a constituir uno de los rasgos de la cultura de Cuba, y han influido directa o indirectamente sobre otras manifestaciones artísticas surgidas con posterioridad en nuestros medios urbanos.

Las tumbas francesas fueron sociedades de recreo y ayuda mutua fundadas por los negros y mestizos franco – haitianos, autodenominados franceses, que entraron a Cuba a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX procedentes de Haití con su música y sus bailes peculiares.
De los bailes o danzas practicados aún en Guantánamo por los haitianos y sus descendientes podemos distinguir, por grupos, según la función que prima en su proyección socio – cultural.
En primer lugar se destacan las danzas a las deidades del vodú, religión sincrética originada en Haití por la función del catolicismo y los ritos dahomeyanos, con sus dos ramas fundamentales; radá y petró. Se conservan en Guantánamo el nagó (danza guerrera a Ogoun, luá de la guerra), el dahomé, el congó, el idó, y el gueddé, entre otros; con sus cantos y coreografías propios.
En un segundo grupo están aquellas que se practican como diversión o espectáculo aunque no podemos deslindarlas tajantemente de su matiz religioso, destacándose algunas modalidades de los bande gagá.
En último lugar hay una diversidad de danzas que por sus características son llamadas bailes de salón y que tienen como punto de partida elementos de tradición europea transculturados. Ellos son el polká, , el masún, el martiniqué, el elliansé, el letté, el minuá, el contradance, y también el merengue, que el baile nacional haitiano y que forma parte del amplio espectro músico–danzario aportado por El Caribe a la cultura universal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios